#3333 – Anécdotas de Terror

Cerca de la muerte

Elena trabajaba en la SEMEFO de la ciudad de Tijuana, en ese entonces a pesar de no contar con mucha experiencia laboral era aplicada en su trabajo, aprendía rápido y siempre estaba dispuesta para cualquier diligencia que surgiera.

En una tarde cerca de que terminara su turno, Elena junto con Sebastián, un compañero suyo, recibieron las instrucciones que les indicaban que tenían que encargarse del “levantamiento” de un cuerpo. Los dos se dirigieron a la dirección que les asignaron y al llegar se dieron cuenta que se trataba de una casa.

En el lugar había algunos oficiales de policía, vecinos curiosos y los dos agentes asignados para hacer el peritaje. Los agentes les informaron a Elena y a Sebastián que el occiso era un hombre de 35 años y que se había suicidado. El hombre decidió colgarse en la parte de atrás de su vivienda usando un lazo “grueso” de polipropileno. El sujeto amarró un extremo del lazo al pasamanos de un balcón que daba al patio trasero y el otro extremo del lazo la puso alrededor de su cuello, para luego subirse a una silla, patearla y quedar suspendido. La detección del cadáver fue casi 3 días después de la muerte, esto fue debido a que varios vecinos percibían un olor extraño y algunos familiares del occiso informaron una posible desaparición. Los peritos también mencionaron que el hombre tenía planeado su suicidio desde hace bastante tiempo. La casa estaba en buen estado y en orden, incluso el hombre había dejado en el comedor más de 10 cartas de despedida para diferente personas: familiares y amigos cercanos.

Cuando ambos médicos se dispusieron a bajar el cuerpo, decidieron que Elena sería la que cortaría el lazo mientras que Sebastián cargaría el cuerpo para no dejarlo caer de golpe. Elena se subió a una silla para alcanzar la parte superior del lazo y con una navaja multiusos, perfectamente afilada, tomaría segundos cortar. Mientras Elena cortaba el lazo hubo un momento que ella misma acercó su oído izquierdo a la boca del cadáver, en ese momento cuando los últimos hilos del lazo se vencieron fue cuando al mismo tiempo ella logró escuchar perfectamente como el cadáver le dijo –“ayúdame”.

Sebastián consiguió atrapar el cuerpo y rápidamente se dispuso a ponerlo encima de la bolsa que estaba sobre la camilla. Elena desesperada le dijo que el hombre seguía vivo, pero Sebastián le respondió que eso era imposible, que el cadáver ya tenía varios días y que no tenía pulso, al final él agregó que sería mejor que se apuraran para terminar la diligencia y luego cada quien poder ir a casa.

Una vez el cuerpo acomodado dentro de la bolsa, Sebastián comenzó a jalar de la camilla y Elena empujaba del otro extremo, apenas habían dado algunos pasos cuando ella nuevamente escuchó claramente como el cadáver, desde dentro de la bolsa, le pedía ayuda. Elena se detuvo y quiso abrir la bolsa para auxiliar al hombre que ella insistía que estaba vivo. Sebastián nuevamente le dijo que eso era imposible y sin permitirle que abriera la bolsa le aconsejo que no hiciera caso a lo que escuchara.

El viaje de regreso fue de lo más normal, pero Elena estaba segura de lo que había escuchado y era algo que no podía sacar de su cabeza. Después de dejar el cuerpo en la morgue, Elena le preguntó a Sebastián si a él ya le había pasado algo similar.

Mientras caminaban hacia el estacionamiento Sebastián le contó que años atrás en un choque de carretera, el auto de una chica quedo completamente destrozado por un camión, ella quedo prensada dentro de su vehículo muriendo al instante. Cuando iban a retirar el cuerpo, después de haber cortado algunas piezas y tubos del auto, Sebastián escuchó como la mujer pedía que la salvaran. Él alerto a los demás de lo que había escuchado pero su instructor le dijo que no hiciera caso de lo que escuchara, que en este trabajo muchos escuchaban como les pedían ayuda, pero que no eran las victimas quien les hablaban, si no una voz más allá de la muerte que buscaba que los vivos se quedaran allí, junto con la gente que recién ha muerto

Elena se estremeció al escuchar esto y definitivamente fue una suceso que jamás olvidara, así como tampoco sería el ultimo hecho inexplicable que viviría, porque ciertamente en un trabajo como el suyo donde se tiene un contacto constante con la muerte, suceden cosas que no se pueden entender y que dan miedo saber realmente qué son.

El mausoleo

En una casa de campo en el pueblo de Croglin en Cumbria, Inglaterra, se hospedaban tres hermanos australianos que estaban de visita en el país británico. Los hermanos eran: Amelia, Edward y Michael Cramswell. Los Cramswell eran conocidos y muy queridos por los lugareños, viajaban muy a menudo a Inglaterra y siempre disfrutaban de su estadía, hasta que una terrorífica cadena de eventos sucedió durante el verano de 1875.

En una noche calurosa Amelia se dirigió a abrir su ventana que daba a una iglesia con su propio cementerio. Mientras ella miraba a través de su ventana, detrás de una línea de árboles sus ojos vislumbraron algo oculto en el crepúsculo. Dos luces parpadeantes parecían moverse entre el bosquecillo de árboles visibles desde su ventana. Al principio estaba intrigada, pero cuanto más miraba, más nerviosa se empezaba a sentir. Cuando la figura se acercó a la casa, la joven sorprendida y aterrorizada de repente encontró la compulsión de actuar. Amelia cerró la ventana y corrió directo a su cama, segundo más tarde comenzó a escuchar un sonido de rasguño proveniente de la ventana. A pesar de su creciente terror, se atrevió a mirar y de pie fuera de la ventana, había un rostro espantoso con ojos feroces y con sus dedos huesudos se esforzaban en abrir la ventana. Amelia bajo de la cama y mientras cruzaba la habitación para llegar a la puerta, un nuevo ruido hizo que Amelia se congelara del miedo. La ventana se abría y una sombra desde el exterior se movía sigilosamente dirigiéndose hacia ella. Fue hasta ese momento que Amelia pudo gritar y pudo despertaron a sus hermanos. Edward y Michael corrieron en su ayuda y al abrir la puerta del dormitorio encontraron a su hermana siendo sujetada de uno de sus brazo y su cabello, lista para que la criatura clavara sus afilados dientes en el cuello de ella. Inmediatamente el invasor ante la presencia de los dos hermanos huyó por donde había venido. Edward, hermano mayor de Amelia, emprendió la persecución, pero no era rival para los pasos gigantes de la criatura y el ser extraño desapareció más allá del muro del cementerio.

Los hermanos Cranswell llamaron al médico local, quien les aseguró que las heridas de Amelia no eran más que unos rasguños. Pero les contó que un colega suyo le había hablado de un caso similar. Fue un niño de una granja cerca de Glasgow, que de la misma manera una criatura había entrado a su cuarto durante la noche, pero en este caso, la bestia si había logrado morder el cuello de la víctima. Dicho colega fue quien atendió al muchacho que había sobrevivido ya que la herida, una mordida profunda muy marcada en la parte de los colmillos, había sanado por si sola en pocos días. Desafortunadamente el niño desapareció una semana después del ataque y no se supo más de él.

Los Cranswell tomaron esto como una advertencia y los tres decidieron estar alerta ante cualquier merodeador. Los hermanos regresaron a sus actividades diarias y seguían disfrutando de sus vacaciones hasta que una noche, Amelia comenzó a escuchar el inconfundible rasguño en su ventana una vez más. Esta vez, actuó con prontitud y pidió ayuda antes de que la criatura lograra acceder a su habitación. Sus dos hermanos respondieron rápidamente y esta vez estaban armados. Entraron a la habitación y la criatura estaba sosteniendo a Amelia sobre su cama, Edward le apunto a la criatura y esta ágilmente salió por la ventana.

Mientras Michael atendía a Amelia, Edward decidió salir y perseguir a la bestia. Salió por la ventana y lo único que alumbraba la tenebrosa noche era solamente un pequeño rayo de luz que provenía de una luna apenas creciente; pero era suficiente para distinguir una sombra alejándose entre los campos de la casa. Cuando la criatura huía estando aun en los terrenos de la vivienda, Edward disparó su arma e hirió a la criatura en una pierna. Manteniendo la distancia, Edward siguió a la criatura hasta el cementerio y vio como desaparecía entrando a un mausoleo.

Edward regresó a la casa para saber el estado de su hermana y le dijo a su hermano Michael, que le había disparado a la criatura y que ya sabía dónde se ocultaba, le pidió que juntara un grupo de hombres por la mañana para ir a cazar a la bestia.

Al amanecer unos diez hombres se reunieron para ir a investigar lo que sea que fuera que atacó a Amelia y que se escondía en el cementerio. Guiados por Edward llegaron a un viejo mausoleo con aspecto sombrío, al entrar notaron que había figuras raras dibujadas en las paredes y al fondo de la habitación había unas escaleras que descendían hacia una cripta. Sintiéndose más obligados que valientes, los hombres bajaron descubriendo varios ataúdes viejos y empolvados, excepto uno. Había uno que parecía estar en buenas condiciones, tallado con finos detalles en los bordes y en la parte superior tenía una tipo de escritura que parecía ser antigua. Al abrirlo encontraron un hombre con la piel pálida y con una herida en la pierna, parecía estar en un estado de “momificación” y con imagen de estar plácidamente dormido. Uno de los hombres aseguraba que era un vampiro y que tenían que quemar el lugar entero. Los hombres sin dudarlo prepararon antorchas y una estaca improvisada de madera, la cual fue clavada en el pecho del vampiro, para luego prenderle fuego al mausoleo

Los Cranswell estuvieron otros dos días más en el pueblo y luego se fueron a su natal Australia para nunca más volver. Amelia quedó profundamente perturbada por los ataques y desde ese entonces ella siempre hacía que tapiaran la ventana de su dormitorio sin importar la casa ni el dormitorio que ella llegara a ocupar.

La Quija

“Abrir” una tabla Quija es como abrir un portal al “otro lado”. Se puede contactar algún familiar fallecido, una alma en pena o también un espíritu no deseado. Se dice que una vez que esa conexión está abierta, puede ser muy difícil cerrarla, sin importar cuánto se desee que el puntero señale la palabra “adiós”.

En el 2015 Vince tenía 21 años y en ese entonces era estudiante de la Universidad Estatal de Ohio. Vince era de Kansas así que vivía en una casa que rentaba dormitorios para estudiantes. Compartía habitación con uno de sus mejores amigos, Sean, y en la misma casa vivían otros dos amigos de ambos.

Una tarde uno de los amigos trajo una Quija que había comprado en una venta de garaje, él mencionó que se la vendió una señora mayor que solo quería deshacerse de sus pertenencias que ya no ocupaba. Luego de esto no dudo en invitar a los demás a jugarla. Ninguno de los chicos creía en fantasmas y no creían que la tabla fuera a funcionar. Sean dijo que sería divertido intentar jugarla y si no pasaba nada solo sería un rato entre amigos. Todos aceptaron a jugar a la Quija y para que hubiera más suspenso decidieron jugarlo en el sótano de la casa. 

El sótano, zona que utilizaban como cuarto de lavado, estaba iluminado solamente por un foco de luz cálida y dos ventanas pequeñas. En una mesa que estaba en el sótano pusieron la caja donde venia la Quija y algunas cervezas que tenían.  Sacaron el tablero y el puntero, los cuatro chicos se pusieron alrededor de la mesa y decidieron que la persona que había comprado la Quija tenía que hacer la primera pregunta y luego el decidiría quien sería el siguiente. Pasaron todos, uno por uno, y ninguno de ellos obtuvo respuesta alguna, el puntero no se movía y muchos de los intentos de contactar el más allá terminaban en bromas.

Aun así, los ánimos no habían bajado del todo y entre risas comenzaron a hacer todo tipo de preguntas, incluso después de un rato decidieron pedir pizza para cenar. Cuando la cervezas se acabaron Vince dijo que ya era momento de subir y poner música para seguir bebiendo, los demás un poco decepcionados por no hacer contacto, le propusieron que estuvieran un rato más en el sótano, mínimo hasta que llegara la pizza y así cada uno podría preguntar una vez más.

Esta vez Sean quiso tener el primer turno, se paró frente a la tabla y con los dedos de sus dos manos sobre el puntero preguntó –“¿alguien está ahí?”, en la habitación solo se escuchaba la respiración de los chicos y unas gotas de lluvia que poco a poco caían con más intensidad. “¿Alguien está ahí?”, volvió a preguntar Sean. Vince fue el primero en sentir un ambiente frio y de poca luz, a medida que iba anocheciendo. De pronto Sean les dijo a todos que sentía que el puntero se movía, Sean les juraba que no era él, que era genuino lo que estaba pasando mientras el puntero señalaba en la tabla la palabra “Yes”.

Los cuatro jóvenes estaban confundidos y asombrados al mismo tiempo, no sabían que pensar o si realmente creerle a Sean. Ninguno de ellos había jugado la Quija antes y no estaban seguros si la “conexión” se fuera a perder si otro tomaba el lugar de Sean así que la mejor idea es que alguien más se uniera con él. Vince decidió ponerse en el otro extremo de la mesa y también puso sus dedos sobre el puntero.

La siguiente pregunta que le hicieron fue –“¿Quién eres?”, los dos amigos sintieron como levemente se movía el cursor hacia el alfabeto y deletreó el nombre “ADAM”. Los cuatro amigos estaban fascinados por lo que veían. Los otros dos amigos se unieron y uno de ellos rápidamente preguntó –“¿Cómo fue que moriste?”, nuevamente el puntero se dirigió al abecedario y deletreo “WET” (mojado), a lo que los chicos asumieron que quizás se había ahogado. Las siguientes preguntas fueron: ¿qué edad tienes?, ¿en qué año moriste?, ¿en dónde vivías?, ¿qué quieres?, pero ninguna de ellas fue respondida. Después de un rato todos se apartaron de la Quija quedando solamente Sean, resignado porque había acabado muy rápido la emoción lanzo la última pregunta en tono burlón –“¿No te agrada estar aquí adentro que allá afuera?”, el puntero nuevamente se movió y deletreó “RAIN” (lluvia). Vince quedó frio y él junto con los demás pegaron un brinco cuando escucharon el timbre de la casa. Subieron a recibir la pizza, tomaron unas cervezas más y se olvidaron de la Quija, pero peor aún, se olvidaron de “cerrar el círculo” cuando terminaron de hacer la última pregunta.

Después de un rato se acordaron de que la Quija la habían dejado abajo, así que su dueño decidió ir por ella para guardarla y cuando bajó enseguida llamo a todos los demás. Mientras bajaba el resto, notaron que la energía era mucho más pesada y algunos artículos de limpieza y cajas vacías estaban por todo el suelo, sin embargo, el tablero permaneció perfectamente quieto en el centro de la mesa, tal como lo habían dejado.

Los cuatro amigos decidieron ignorar lo que había sucedido y culparon a quien bajo primero de jugarles una broma, aunque todos sabían que era casi imposible que lo hubiera hecho por el poco tiempo que permaneció estando él solo en el sótano.

Después de 4 días algo en la casa había cambiado, algo no se sentía bien, de algún modo todos estaba distantes entre sí, Sean casi no pasaba tiempo en la casa llegando solamente en la noche a dormir y Vince se mantenía ocupado en un proyecto de su carrera. Cuando llegó el fin de semana, Vince invitó a Sean a que fueran a una fiesta juntos, pero Sean no se veía bien, tenía aspecto como si no hubiera dormido lo últimos días. Sean le contó que desde el día que jugaron la Quija él empezó a sentir sensaciones extrañas: se despertaba por las madrugadas y sentía que alguien lo observaba en todo momento. Vince le dijo que se calmara y que necesitaba descansar, decía que seguramente era el estrés debido a las pruebas finales del semestre. Sean le contesto que trataría de dormir y que todo estaba bien, que a la próxima no faltaría.

Esa noche Vince regresó a su casa un par de horas antes de amanecer, al llegar a su cuarto notó que la puerta estaba levemente entreabierta y se podía ver que la habitación estaba a oscuras, pero era suficiente para poder ver la silueta de su amigo descansando sobre su cama. Entro cuidadosamente sin hacer ruido y sin encender la luz para no despertar a Sean; Vince pudo notar nuevamente un ambiente frio y que había agua regada en el piso alfombrado del cuarto, pero sin darle a eso mucha importancia se acostó en su cama y se durmió.

En la mañana siguiente Sean despertó a Vince diciendo que había tenido una pesadilla. Soñó que alguien trataba de ahogarlo mientras dormía en su cama, como si su cama fuera una tina llena de agua. De repente esta sombra lo soltó y se paró en frente de él observándolo por un rato, después le pregunto –“¿No te agrada que él haya llegado?” y luego se fue. Cuando despertó Sean le dolían los brazos y parte del cuello, notó que tenía alguna marcas y rasguños en el cuerpo, pero eran muy leves. Vince le mencionó sobre la puerta abierta y el agua regada sobre la alfombra, Sean le contestó que no sabía nada de eso, pero en su cara se veía que estaba aterrado.

Sean siguió con problemas para dormir hasta final de semestre y sin avisarle a nadie, durante el verano regresó a Carolina del Norte y decidió terminar sus estudios allí. Al poco tiempo los amigos se deshicieron de la Quija, enterrándola afuera de la ciudad y prometiendo jamás hablar de ella otra vez. Vince siendo el más joven de todos fue el último en terminar la universidad en Ohio, dos años después y durante ese tiempo poco a poco fue hablando menos con Sean hasta ya no saber nada más de él. Aunque para Vince fue una experiencia un tanto aterradora, fue un acontecimiento que lo marcó para nunca más querer jugar con la existencia del más allá.

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