#2106 – La Mataviejitas

Primeros años de Juana Barraza Samperio

Juana Barraza nació el 27 de diciembre de 1957 en Epazoyucan, Hidalgo. Juana fue producto de un matrimonia turbio con muchos problemas, su padre la abandonó cuando ella tenía pocos meses de haber nacido quedándose únicamente con su madre quien era alcohólica. Justa Samperio, madre de Juana, constantemente la golpeaba e insultaba, viviendo en un mundo de maltrato y humillación.

Cuando Juana tenía 12 años, su madre sin ningún escrúpulo la ofreció a un grupo de desconocidos por unas cuantas cervezas y cada vez que se quedaba sin suministro usaba a Juana como moneda de cambio para cubrir el gasto de su alcoholismo. Incluso Juana llego a ser vendida como esclava a un hombres quien la forzó sexualmente por casi 3 años. Juana resultó embarazada por este hombre y dio a luz a su hijo José Enrique Lugo Barraza cuando ella tenía 20 años. Aunque llegó a tener otros seis hijos más, José fue su gran baluarte en la vida, hasta que él murió a los 24 años asesinado en plena calle por una pandilla.

La juventud de Juana estuvo marcada por una creciente psicopatía que la llevó a tener múltiples relaciones de corta duración con hombres alcohólicos que la maltrataban y la abandonaban cuando ella les decía estar embarazada. En estos años creció su fascinación y devoción hacia la popular figura “La Santa Muerte”, para Juana esto representaba un objeto de culto y personificaba la espiritualidad que ella necesitaba para superar todas la dificultades que la habían atormentado toda su vida.

La Dama del Silencio

Durante su adolescencia siempre tuvo el sueño de ser enfermera o doctora y durante algún tiempo tomó cursos sabatinos de medicina y primeros auxilios, los cuales le permitieron conseguir trabajos temporales en farmacias y clínicas, por varios años ella y sus hijos subsistieron de estos empleos y les permitió mudarse a la Ciudad de México, pero el dinero no era suficiente. Así que paralelamente a este sueño, a finales de la década de 1980, se buscó la vida siendo luchadora profesional bajo el nombre “La Dama del Silencio”. Ella era una luchadora enmascarada usando el rosa y el dorado como sus colores principales, su mascara era la figura de una mariposa y por varios años se esta fue su profesión para sacar a su familia adelante.

A pesar de haberse dedicado a esto por un par de años, ella no pudo hacer despegar su carrera en la lucha libre y jamás obtuvo reconocimiento nacional. Luego tras una lesión de espalda tuvo que retirarse de los cuadriláteros y empezó a vender palomitas de maíz a las afueras de la arena de lucha libre.

Modus Operandi de Juana Barraza

Sin recursos y con una familia que mantener, la frustración y la desesperación hicieron que Juana iniciara una vida de delincuencia y violencia. Así fue que en 1995 Juana comenzó a conseguir dinero a través de numerosos asaltos en callejones y robos en domicilios usando una pistola de juguete.  Poco tiempo después daría el paso al desvalijamiento de casas y al asesinato de sus propietarias.  Bajo el amparo de “La Santa Muerte” de la que era fiel adoradora, iniciaba un recorrido por los hogares de indefensas mujeres para asaltar su hogares por medio de engaños y con una frialdad propia de un perfil psicológico enfermo.

Su modus operandi era relativamente sencillo, trataba de ganarse la confianza de mujeres de avanzada edad, todas mayores de 60 años, haciéndose pasar por enfermera que les ofrecía la oportunidad de pertenecer a un programa de beneficencia especialmente para ancianos. Como Juana tenía conocimientos de enfermería y decía que dicho programa era por parte del gobierno, le era fácil engañar a sus víctimas.  Siempre adaptaba una personalidad carismática y altruista para conseguir entrar en el domicilio de la ancianas sin fuerza alguna, una vez adentro las golpeaba y la estrangulaba hasta matarlas. Después saqueaba toda la casa en busca de dinero y objetos de valor que ella pudiera vender.

Como particularidad de ella, siempre que asesinaba vestía de rojo, era como un ritual, daba igual que fuese una blusa roja o un abrigo de dicho color, el caso era llevar el color rojo como el dominante en su vestimenta.

Juana Barraza asesinaba a voluntad, movida por un impulso emocional y material. Ella escogía cuidadosamente a ancianas que vivieran solas y desamparadas, por motivos personales de Juana ella siempre buscaba mujeres de la 3ra edad ya que Juana veía en ellas a su madre quien le hizo vivir abusos durante toda su infancia. En la mayoría de los casos, se encontraron evidencias de abusos sexuales a los cadáveres, por lo que se hacía evidente el desprecio repugnante que Juana tenía hacia sus víctimas.

Investigación de asesinatos

A principios de los 2000 cuando en la Ciudad de México comenzaron a aparecer cuerpos de mujeres de la tercera edad asesinadas de manera violenta en sus propias casas, las autoridades actuaron dubitativa y poco eficiente, la presión mediática y social dejaron al descubierto muchas deficiencias por parte del sistema. Tan solo en el año 2002 nueve víctimas fueron encontradas con estas características.

Las autoridades policiales de Ciudad de México no se daban abasto para encontrar al responsable de estos crímenes y fueron duramente criticados por los medios de comunicación. Pero la línea de investigación apuntaba a que el asesino no era una mujer, si no un hombre. Las violaciones y abusos a las víctimas desviaban la atención de los investigadores, que de este modo los hacia creer que se trataba de un varón como el responsable de los asesinatos y no una mujer.

Se inculparon a varias presuntos responsables, sin embargo, no fueron más que “chivos expiatorios”, ya que mujeres de la tercera edad seguían siendo asesinadas. La Procuraduría General decidió crear una Unidad Especial de Análisis para la Investigación del caso “Mataviejitas”, quienes se encargaron de realizar el perfil criminológico. Este análisis arrojó que por su constitución física se trataba de una persona con estatura de 1.70 m a 1.80 m y de bastante corpulencia, se decía que podía ser un hombre vestido de mujer, entre los 40 y 50 años, sin empleo fijo ni mucho menos bien remunerado y que se desplazaba por medios de transporte público. Así mismo, se determinaron las características de las víctimas, entre 65 a 90 años, que vivían solas, lo cual habla de un nivel socioeconómico medio. Después, se trazó un mapa para poder presumir la zona en la que pudiese llegar a volver a atacar.

El miedo que esto provocó en las familias fue evidente, los casos con las mismas similitudes seguían ocurriendo y no se podía encontrar al responsable, ya que el modus operandi de Juana era una práctica legitima por parte del gobierno. En aquel tiempo, si era cierto que se daba asistencia médica y beneficios a las personas de tercera edad, dando la oportunidad de recibir esta ayuda en sus hogares.

Los oficiales que estaban a cargo de la investigación recibieron algunos reportes de varios testigos que aseguraba haber visto una trabajadora social o enfermera entrando a algunos de los domicilios donde eran las escenas del crimen. Sumado a eso, varias víctimas habían sido estranguladas en algunas ocasiones con estetoscopios.

Pero los crímenes cometidos por Juana, además de usar un método como el estrangulamiento, eran más vinculados a asesinos varones, por lo que, aunque las pistas daban claramente hacia una mujer, la idea principal siempre se mantuvo de que se trataba de un hombre trasvesti o incluso de un transexual.

Captura y juicio de La Mataviejitas

La asesina gozaba de cierta libertad para seguir con su negocio criminal, ya que la policía se encontraba perdida creyendo que el asesino era un hombre disfrazado de mujer, posiblemente un homosexual. La comunidad gay y de travestidos de CDMX, se encontraba en el punto de mira lo que llevó a numerosas detenciones y protestas por abusos de la autoridad. En medio de las convulsiones sociales, la verdadera asesina estaba fuera de toda sospecha por ser mujer, pese a que en varias ocasiones había dejado sus huellas dactilares en la escena del crimen.

Cuando parecía que el asesino no frenaba y las autoridades sufrirían una derrota vergonzosa, tuvo que ser encontrada infraganti durante un crimen y ni siquiera fue por las autoridades, por lo que el mérito que se daba por su detención fue duramente criticado por los medios y comunidad, dictándolo como un golpe de suerte.

El 25 de enero de 2006, una mujer de 49 años identificada como Juana Barraza, era detenida en Ciudad de México, acusada de asesinar a Ana María de los Reyes Alfaro, de 82 años. La anciana había sido estrangulada hasta la muerte con un estetoscopio y apuñalada violentamente en varias ocasiones con un cuchillo militar.

Un joven que era vecino de Ana María y que se encontraba caminando sobre la calle donde ambos vivían, se topó de frente con una mujer vestida de rojo que salía del domicilio de Ana, el joven pudo notar que la mujer parecía estar nerviosa y que tenía manchas de sangre en las manos. La mujer se alejó de ahí rápidamente mientras que el joven entro a la casa y encontró el cadáver de Ana en la cocina. Él salió corriendo en busca de dicha mujer que había visto tan solo momentos antes, a una cuadra de distancia pudo encontrar una patrulla de policía, y después de contarles lo sucedió se inició un rápido operativo en busca de la responsable. A los pocos minutos hallaron a la asesina y detuvieron a la mujer que se resistió con violencia y se identificó como Juana Barraza Samperio tras ser sometida.

La similitud de la sospechosa y el crimen del que se le acusaba, coincidían inmensamente con las investigaciones policiales. Tras comparar las huellas dactilares de la sospechosa con las encontradas en las escenas de los crímenes, las autoridades no daban crédito, pues se habían topado casi por suerte con “La Mataviejitas”.

En el 2006 Juana Barraza fue detenida, encarcelada y sentenciada a 759 años de prisión por el asesinato a 17 ancianas y 12 robos. Durante el juicio no mostró ningún tipo de arrepentimiento. Su frialdad y falta de escrúpulos llamó la atención de psicólogos y psiquiatras que la utilizaron para tratar de encontrar una explicación a su psicopatía. La Mataviejitas llegó a confesar en las declaraciones que sentía odio por las ancianas y culpaba a su madre por influir directamente en su desprecio hacia las mujeres de la 3ra edad.

Tras los juicios, se le acusó por el asesinato de 40 mujeres de la tercera edad, aunque sólo se le comprobó y condenó por 19 de ellas con cadena perpetua, pero se especula que pudieron ser hasta 48 los cometidos. En el 2012, Juana a los 56 años contrajo matrimonio en la cárcel con otro preso de 76 años. La boda se celebró entre rejas, en su hogar perpetuo.

Como coincidencia, tres días antes de su detención, Juana Barraza fue entrevistada en un reportaje de la televisora TV Azteca durante un show de lucha libre. El reportero que la entrevistó se acercó a ella para preguntarle quien era y si le gustaba la lucha libre. Entre bromas, sin titubear y sonriendo, Juana dijo su nombre completo y que no solo le gustaba la lucha si no que años atrás había sido luchadora profesional. El reportaje salió a nivel nacional sin que nadie imaginara que esa amable anciana entrevistada tenía un doble vida como asesina serial.

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